"La casita en el bosque"


Había una casita en el bosque, una de esas casitas viejas que te dejan pensar que alguien vivió allí hace mucho tiempo. Ahora sólo queda el cascarón de lo que solía ser, y la verdad es que da un poco de miedo. Poca gente se acerca, corren rumores muy inciertos de la verdadera naturaleza de ese lugar, rumores que hacen preferible, querer estar alejado y sólo para algunos valientes, acercarse de vez en cuando, se vuelve un lujo.

Una tarde, de esas tardes grises en las que cielo se oculta detrás de las nubes, caminábamos por el bosque, un pequeño grupo de amigos, curioseando como siempre. La verdad es que la aventura, es algo que no se puede negar a un joven. Uno de mis amigos vio la casa y le llamó fuertemente su atención.

- Quiero mirar aquel sitio, ¿Podemos?.
-No lo sé, no sé si sea una buena idea. Respondí dubitativamente.

Sin embargo como si aquel extraño lugar tuviera una especie de campo magnético, comenzó a atraernos. Pronto estuvimos parados contemplando atónitos la estructura tan fría de aquel lugar. El color tan naranja de los ladrillos y a la vez la gruesa capa de polvo que el paso de los años había formado en la puerta, le daba un toque único a aquel lugar, pareciera salido de una historia de terror.

Entramos al lugar, en la parte interna no se podía distinguir puertas, ni ventanas, sólo podíamos ver los lugares en donde deberían de estar y en ellos una capa gruesa de oscuro y penetrante color negro. Eran cuartos demasiado oscuros, el miedo comenzó a llenarnos el estómago, yo comencé a sentir nauseas, decidí contemplar de cerca aquel lúgubre espectáculo,"Wow, jamás creí estar tan cerca", y la verdad es que era más terrorífico de lo que había pensando. 


Estaba pequeña aquella casita. En realidad parecía un pequeño castillo salido de algún cuento de hadas. Comenzaba a caer la noche, y sugerí irnos del lugar antes del ocaso. Sin embargo uno de mis amigos entró a una enorme habitación, una espesa capa de color negro inundaba el marco de la puerta al momento en que entramos detrás de él. Una luz al extremo de la habitación dejaba entrar los últimos rayos de claridad de aquel día. En ese sitio debería ir una enorme ventana, ahora solo quedaba la silueta difusa, y en su lugar el nublado paisaje grisáceo de las puntas de los árboles fundiéndose en el melancólico cielo.

Comencé a sentir como si estuviera en un sueño, y el techo de ladrillo comenzó a derretirse como si fuera de chicle, las paredes comenzaron a escurrirse y en un abrir y cerrar de ojos, el techo se desplomó sobre nosotros. Aquello era una pesadilla, quería despertar con todas mis fuerzas, pero estaba equivocado, era tan real como las pequeñas gotas de sangre y sudor que escurrían en mi frente, mis amigos quedaron atrapados en aquella habitación debajo de los ladrillos, fui incapaz de poder ayudarlos, la parte en la que yo estaba había logrado resistir el derrumbe y había escapado por poco, tenía tanto miedo que solo pensé en correr y corrí lejos, corrí egoístamente dejando a mis amigos de infancia en una sepultura de confusión y terror.

Logré llegar a una cerco de piedra donde apenas y podía ver la pequeña casita, quería volver, pero no sabía como, mis piernas ya no me respondían. Si volvía a pedir ayuda tal vez ya sería demasiado tarde para mis amigos. Intenté reunir valor para volver, y escuché aquel ruido tan extraño, era como si hubiera fragmentos de metal tallándose unos con otros, la casa comenzó a moverse y una de las habitaciones se despegó del suelo, "maldita sea", que era todo aquello, no podía entender que estaba sucediendo, pero mi miedo estaba llegando a horizontes totalmente desconocidos para mí. Me temblaba todo el cuerpo, y una lágrima corrió por mi mejilla sin que yo pudiera darme cuenta.

Otra habitación más se despegó del suelo, vaya lío. No podía creer lo que estaba pasando y en un abrir y cerrar de ojos la casa se erigió y pude distinguir entre los árboles una silueta semihumana, formada con con el conjunto de estructuras que originalmente eran una casa. Que espanto, que horrible, que feo, era todo aquello, y de repente se giró y pude sentir como su miraba, era una sensación escalofriante, no tenía ojos, sin embargo podía sentir su penetrante mirada. 

Un par de pequeños animales de colores corrieron a refugiarse en el cerco, parecían estar hechos de gelatina, de enormes gelatinas multicolores. Luego en un movimiento frío comenzó a moverse aquel enorme espectro urbano y se perdió entre los árboles del bosque lentamente. Jamás volví a ver aquella casa, ni a mis amigos. Cuentan que aquel edificio vaga de montaña en montaña, aguardando pacientemente por jóvenes curiosos que deciden adentrarse en el.

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