"Cortinas de humo"


-Querida, sé que hay cosas que te persiguen, los errores por ejemplo, ¿sabes?, cuando estás cometiendo uno y lo dejas continuar, estás dando puntos a favor de que la verdadera felicidad se escape de tus manos.

-Padre, sé que tú me has dado la vida, que quisieras cambiar muchas cosas. En realidad no es así, tal vez es sólo lo que has querido que crea todos los días. Y despierto a esta realidad, esperando que todo cambie, que las cosas se vuelvan brillantes como el sol y los cuchillos pierdan su filo, Sé también que quieres que pierda mis fuerzas, que me rinda, que desperdicie el tiempo incierto que me queda de vida. Porque la vida es corta, tan corta que cada segundo perdido se cobra en años. Tal vez siempre has tenido esa máscara. Esa máscara que me hace verte de una manera que ni siquiera puedo comenzar a entender. Sin embargo estoy aquí esperando a mi Dios. ¿Podría a caso decirme que no lo he intentado?, ¿podría decirme que no es suficiente?, ¿Podría sentirme más inútil de lo que me siento ahora?... 
¿Podría mi lengua sangrar más que ahora?... 



-Hija, ¿Escuchas esas risas lejanas?, son los niños, mi único objetivo de vida. Y ahora que tengo las cartas a mi favor, todo este plan sale a la perfección. Todo pasa como algún día fue escrito. Todo camina con el piano y termina con los gritos, como las melodías románticas que se hunden en la tragedia.




-Francamente no quiero escuchar tu puto mundo, que me veas o me leas, pero irónicamente sigo aquí. Sigo aquí fantaseando con el día en que esto no me obligue a destruirme. Estoy hablando, más de lo que puedo hablar y no puedo depender más de mí misma, es que no puedo ser un ser individualista, es que no puedo obligar al mundo a estar a mi lado. No puedo ser una normal. No puedo pensar normal. No puedo pensar cosas "viciosas" y alejarme del mundo que siempre he visto detrás de esas gafas rojas en tintes de sangre.




-Ahora comerás con la muerte. Te sentarás con ella. Pedirán un par de tragos y reirán juntas, y todo esto pasará en menos de dos segundos, menos del tiempo del que necesitas para destruirme con sólo un suspiro, un beso ahogado. Que más puedo yo hacer para vivir. Que más debo de hacer para sentirme vivo en este mundo de espejos que reflejan lo putrefacto y muerto que estoy. Debería entonces morir para conservar una valía a los oídos sordos y a los ojos ciegos del mundo emocionante que me envuelve el pasado. Una imagen más de la invisibilidad. Quiere lo que quieres por que jamás será tuyo. Se feliz con lo que tienes. Confórmate y vive feliz en tu miseria, porque quien no quiere todo ello, lo tendrá.




-¡Padre mio!, en vano llenarás tu manos de sangre y muerte, en vano prolongarás tu agonía durante toda la mañana, en vano dejarás tus mangas negras teñir en tinta de escritos viejos, y esto, no le importa al mundo. De sabios es saber que la miseria no es un estado, que los sueños son ajenos a las realidades. Que las realidades se vinculan con los sueños en las acciones, acciones macabras para destruir mundos que son creados en las mentes de nuestros propios padres. Y cuando el tiempo terminé, ¿De que servirán estas horas desperdiciadas sobre la pluma?, ¿Inspiraran a nuevos asesinos?, ¿a nuevos ladrones?, ¿a nuevos monstruos?. La hierba mala estorba en el jardín, principio básico de jardinería. Obstaculiza el paso de la nueva hierba buena. Arrancarla entonces. Quemar los recuerdos junto con tu vida. Sumergirte en gritos, en melodías que detienen las lágrimas en el balcón de tus ojos, lágrimas heladas, lágrimas que no comprendes.




-Lágrimas, que no comprendo porque no existen. El sinsentido que has tomado en el desayuno junto con el jugo de naranja. Esas naranjas que se volverán tan ácidas que someterán a duda tu verdadera procedencia.



-Padre, ¿Porqué no puedes disimular con los labios cuando estás pensando en la muerte?



- y tú , ¿Porqué no puedes volar en esta habitación que conoces a detalle?, ¿Porqué te molesta lo que siempre has querido?. Querida. Querida hija. Con esos vestidos largos. Tú siempre despiertas conmigo, envuelta en madera y clavos. Hemos conversado en silencio el menú de esta mañana, es nuestro destino

Lo sabemos todo de antemano...


-¡PUM!...


(El padre tomó la pistola y se disparó justo entre los ojos)

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